El cambio de estación, detonante para la depresión

La depresión no es fenómeno de ninguna estación en concreto pero en fechas particularmente señaladas, como el otoño o la primavera, surge en un mayor porcentaje en individuos por primera vez, y en otros se puede volver recurrente (cuando se produce un nuevo episodio depresivo). La depresión no tiene edad, puede aparecer en jóvenes o en mayores. Somos parte de la naturaleza y al igual que en las estaciones nosotros también podemos volvernos melancólicos y decaer hasta tal punto que no somos capaces de recuperar el ánimo, nos sentimos hundidos, y todo es niebla en nuestra visión mental ante cualquier acontecimiento.
La depresión puede estar relacionada con otras enfermedades o por situaciones muy estresantes que el individuo va acumulando en su mente. Pueden enfermar personas aparentemente fuertes o personas con una sensibilidad extrema. Todos podemos caer en esta enfermedad, que se expande con creces, en nuestra sociedad actual.

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Síntomas y diagnóstico de la depresión

Síntomas y diagnóstico de la depresión

El enfermo que padece depresión, en términos mayores, siente que la vida se ha apagado en todas las áreas de su entorno, que la tristeza se ha acomodado constantemente día y noche, provocando males como falta de sueño, angustia, pérdida de apetito, alejamiento de familiares y resto de la sociedad, imposibilidad de trabajar, aislamiento, en algunos casos falta de aseo y puede incluso tener pensamientos continuos de suicidio.
Es importante que el entorno del afectado con depresión, sea consciente de lo que le ocurre a su familiar y trate de ayudarlo llevándolo a un especialista de la salud mental para ser diagnosticado y tratado.
La depresión es una enfermedad que con el tratamiento adecuado por parte del especialista (en este caso psiquiatra) y el cariño y comprensión necesarios (por parte de familiares y amigos) se puede restablecer el equilibrio emocional.
Hay que tener en cuenta que una vez comenzado un tratamiento con antidepresivos, siempre se debe seguir la prescripción médica y no dejarla o aumentarla bajo ningún concepto, a menos que sea indicado por el especialista. Una recaída o la llamada Depresión Recurrente puede resultar muy peligrosa para el enfermo.